Dejando
a la derecha la ribera del Sil, se presenta ante el viajero
un conjunto de pueblos cargados de historia. Pueblos de
singular belleza rodeados de frondosos montes y gentes afables
que invitan a detenerse en el camino. Pueblos que nos acercan
a las explotaciones auríferas de los romanos y un
poco más tarde al enigmático mundo de los
templarios a través del Castillo
de Cornatel. Tan interesante como su historia es
el emplazamiento singular de esta fortaleza: en una peña
solitaria, asomándose por un tajo vertical y temeroso,
sobre el torrente de "Rioferreiros"; desde él,
asomándose al torreón posterior, es inevitable
el vértigo sobre el abismo pavoroso, que se abre
hacia el oriente. Es bellísimo y variado el paisaje
que desde allí se domina: los picos de La Aquiana,
elevados y abruptos, al mediodía; Las Médulas,
rojizas y caprichosas, con el cercano lago de Carucedo,
al poniente; la frondosa y verdísima ribera del Sil,
con los picos lejanos de Ancares por fondo, al norte; y
una larga perspectiva de montes y más montes, al
naciente, jalonan la variedad paisajística del lugar.
Pero antes de seguir, ubiquemos geográficamente
a nuestros querid@s internautas, respecto a este rincón
paradisíaco, a través de la siguiente animación
ilustrativa: